EGO ROTO
- ¡Una ayuda para comer, una ayuda para comer! – gritaba aquel hombre mayor extendiendo su mano a cuantas personas hubiesen en el metro, su tono no era de petición, ni de humildad, ni siquiera de prepotencia, era más bien lineal como quien da una información. Lo vi pasar por mi lado y alejarse entre la filas de vagones continuos del metro de la gran capital. Aquel hombre despertó en mí una sensación de incomodidad, de tristeza, de compasión, muchas emociones que sería incapaz de descifrar. Muchas veces había estado yo sin una moneda en el bolsillo, y cuantas personas en ese momento estarían en la misma situación ¿qué sentiría aquel hombre por dentro? Muchas personas lo miraban con menosprecio, otras con cara de indiferencia, continuaban su conversación como si no hubiesen visto nada. Otras reflejaban en el rostro no solamente el menosprecio sino la indignación de que fueran capaces de pedir. Cuando recién llegué a España escuché a muchas personas bien acomodadas, que gan...